En el andén de la vieja Chamartín

Es 15 de mayo de 1977. En Madrid se vive la fiesta de San Isidro, su patrón. Por la vieja estación de ChamartÍn pasan algunos ‘chulapos’ que visten vaqueros y camisas de franela. Ninguno de ellos parece dispuesto a guardar la vieja tradición de emperifollarse con un traje de época, para rememorar las históricas fiestas que  antaño se hacían en honor al Santo patrón labrador.

En el andén de la vía 3 se encuentra estacionada una locomotora. Una máquina de tren moderna. La más potente del parque móvil de Renfe, que ha llevado a la desaparición a la de tracción vapor. El reloj de pared que hay en el frontal de la estación marca algo menos de las nueve de la tarde de este festivo domingo. El tren se prepara para arrancar rumbo a Catalunya.

Acabo de embarcar en el tren de la ‘ilusión’. Dirección Barcelona. Como un emigrante más. Uno más de ese millón de personas que emigraron a finales de los 70 a tierras catalanas. Y lo he hecho en tren, el vehículo más habitual del momento.  En la gente se ve poco equipaje. Pero entre esta misma gente se aprecia mucha ilusión por alcanzar una vida mejor. Parecen dispuestos para viajar como lo han hecho familias enteras que han emigrado. Gentes que han vendido lo poco que tenían en sus tierras de origen en busca de una nueva vida.

Por el andén corren los más rezagados. Los últimos en llegar. Aquellos que un fuerte suspiro les delata el sobre esfuerzo pulmonar que han hecho para no perder el tren que a punto esta de arrancar. La impaciencia es tanta que algunos familiares ayudan a los suyos a introducir el equipaje por las ventanas abiertas del tren. Maletas de madera. Otros, con cajas de cartón ataviadas con una áspera cuerda.

El momento de la partida aún sigue grabado en mi memoria, cuarenta años después. El tren arrancó lentamente. Muy despacio. Desde el andén grupos de familiares despedían a los suyos  con ligeros movimientos de la mano y con algún que otro ‘te quiero’  que devolvía casi al unísono desde el interior del vagón. En muchos viajeros se palpaba que vivían momentos de angustia, de inquietud, de impaciencia… otros, incluso, los  vivían en un estado de patente excitación. El vivir una vida lejos de su tierra natal algunos lo afrontaban entre el miedo y la ilusión.

Sobre la vía, la moderna locomotora RENFE fue cogiendo velocidad. El doble motor diesel-eléctrico, importado de las empresas americanas más avanzadas en el sector,  estaba preparado para arrastrar largos trenes de viajeros y de mercancías. La polivalente locomotora arramblaba con fuerza  catorce vagones, alguno preparado para descansar en literas, otros para viajar con algo más de holgura entre los asientos, ligeramente reclinables, uno polivalente en el que había un pequeño bar y diez vagones restantes, catalogados como de segunda clase.  En segunda clase me acomodé. Busqué entre los vagones un compartimiento vacío y allí coloqué mi bolsa de deporte en la que había poco más que unas mudas limpias, un par de pantalones, alguna camisa, un jersey de lana y una americana de color avellana, muy bien doblada para que no se arrugara. Aunque poco duró la soledad de la que gozaba, porque la puerta de entrada se abrió de pronto para acomodarse un viajero allí también.

Una persona parca en palabras. Al menos es la impresión inicial que tuve. Porque al saludo de buenas tardes que le rendí se prolongó un largo silencio entre ambos. Mutismo que se rompió cuando el tren cogió una velocidad constante y uniforme que hacía hastío el ambiente. ‘Que viene de las fiestas de San Isidro?, le pregunté. ‘No’. Dijo con voz seca. Mientras, pensaba si continuar o no con la conversación. ‘San Isidro ya no es lo que era. Aunque no se si alguna vez fue. Ya no hay casetas de feria, ni verbena y los churros y rosquillas que se traían tradicionalmente de Fuenlabrada se echan de menos en la madrugada. Se ha perdido la atracción turística que había. Las asociaciones hacen la guerra por su cuenta, cuando lo que habría de prevalecer es el carácter popular de las fiestas’… Largo argumento festivo al que precedió un nuevo silencio.
‘Por lo que veo conoce usted bien Madrid’, le comento. ‘Soy madrileño. Nací aquí hace 61 años. Y he pasado aquí casi toda mi vida, aunque en estos momentos trabajo de cajero en un banco de Guadalajara’. Así parece, porque minutos después se despide al decir que ‘he llegado a mi destino. Que le vaya bien el viaje’.

En el compartimiento del vagón vuelvo a estar solo. El tren reanuda su marcha y, aunque se vislumbra ya un oscuro paisaje, por la ventana contemplo que el tren coge velocidad. Atrás van quedando pequeños pueblos y aldeas. Casas que se alzan en los llanos de Castilla-La Mancha. Entre cabezada y cabezada, en algunos momentos dormido por el cansancio del viaje, llegamos a la estación de Zaragoza, muy entrada ya la noche. Casi de madrugada, se abre la puerta del compartimiento y entra un señor que suelta un saludo escueto y a la vez con un cerrado acento que no llego a definir: ‘Bona nit’. Le miro con extrañeza y añade: ‘Perdón. ¡No entiendes el catalán!’, me pregunta. A lo que le respondo con un ligero movimiento de cabeza de un lado a otro.
Se presenta y dice que es Josep Camats. Vecino de Lleida. Agricultor del sector frutícola. Pese a la hora que marca la madrugada, cerca de las 3,30 horas, Camats no parece dispuesto a dejar de hablar: ‘En Lleida hay amor por la tierra. Hay carácter. En la huerta de Lleida hay miles de árboles de fruta. Fruta buena. ¡La mejor!’, dice con orgullo. Me habla de su pueblo, Corbins. De la emblemática Catedral de la Seu Vella, que se alza en el cerro conocido como Turó de Lleida. Aunque enseguida vuelve a insistir en las excelencias de la tierra frutal. Conversación que cesaría prácticamente a las puertas de la ciudad que parece venerar. Última parada, por cierto, antes de llegar a la capital catalana, Barcelona.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s