Del Paseo de Gracia, al ‘Ja soc aquí!’

Un soleado domingo fue la fecha escogida para una manifestación multitudinaria sin precedentes a favor del catalanismo y la autonomía de Catalunya. El 11 de setembre, la marcha reivindicativa se prolongó durante más de cinco horas, con el Passeig de Gracia como testigo principal, en su momento de mayor concentración. La manifestación había llevado a la cabecera a políticos, con una gran senyera que abría la marcha reivindicativa. La concentración fue multitudinaria en Barcelona, aunque fue seguida con mayor o igual intensidad en el resto de poblaciones catalanas. Incluso fuera de nuestro territorio, porque en la prensa de Madrid se llegó a decir que ‘era un ejemplo a seguir’. El más de un millón de personas que asistió a la manifestación es lo que con los años la ha llevado a mitificarla en la historia.

Y en medio de ese millón de personas, yo. Inmóvil. En el más absoluto silencio en muchas ocasiones. No entendía nada. Pero allí estaba yo. Aturdido por una explosión de júbilo colectivo. Sin saber porqué estaba allí. En medio de aquel tumulto de gente que gritaba estaba yo. Me costó asimilar aquellas reivindicaciones, porque a las únicas que había asistido, durante mi juventud, eran las que organizó Educación y Descanso (EyD) en Salamanca, cada 1 de mayo, trasladándonos desde la capital salmantina en autocar al Estadio Santiago Bernabéu de Madrid, para venerar la figura del Generalísimo. Él allí presente, en pie e impasible saludando con ligeros movimientos de la mano el palco del Bernabéu.

EyD era la organización recreativa, dependiente del Sindicato Vertical, en la época de la dictadura franquista, que se había creado en 1940 y subsistió hasta ese 1977. Organización que tenía entre sus fines las actividades culturales y deportivas, aunque por su fidelidad al régimen. Cada 1 de mayo se organizaban viajes en autobus desde toda España hasta Madrid, para participar en una manifestación de exultación al dictador.

Aquellas manifestaciones en la capital de España a favor del Generalísimo Franco, en las que aparecíamos todos los participantes vestidos completamente de blanco, desde las zapatillas hasta el cuello alto del jersey que nos regalaban, nada tenía que ver con la manifestación que estaba viviendo yo aquel 11 de septiembre de 1977, en pleno Passeig de Gracia. Vivía una concentración de entusiasmo, entre el alboroto y la diversión a la vez, pero de un gran sentimiento: el ‘Sentiment català’.

Éxito en la manifestación propiciado, quizás, por el clima político de 1977, que permitió la presencia en la marcha de destacados dirigentes del centroderecha español en Catalunya e incluso de delegaciones de casi todos los partidos políticos estatales. La propia repercusión de la manifestación en el resto de España puede parecer insólita hoy. Aunque entonces, incluso la prensa madrileña la saludó como un “ejemplo político” de paz y orden y una expresión del “sentido común“. Y algún periódico llegó a presentar la reivindicación autonómica catalana como un anticipo del “proceso general por el que han de discurrir, para ser más españolas, las nacionalidades de España“. Claro que el entonces presidente de la Generalitat (todavía en el exilio), Josep Tarradellas, convocó a los manifestantes con un mensaje muy propio de la transición: “Construir un futuro lleno de libertad para España“. En cualquier caso, el eslogan del momento no parecía suscitar mayores inquietudes más allá del Ebro: “Llibertat. Amnistia. Estatut d’Autonomia“, según los testimonio que se recogieron en algunos medios de comunicación.

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