Juzgado por el ‘Setze jutges d’un jutjat …’

Trabajar en aquella pequeña industria situada en el barrio de La Mina de Barcelona, fue mi primera contratación seria en el sector textil, objetivo de mi traslado a Catalunya. Hago referencia especial a este hecho, porque además del Sentiment català, de la mayoría de los ciudadanos que había encontrado en las manifestaciones a favor del Estatut, también padecí el resentimiento que en otra parte del pueblo catalán había hacia la emigración que durante aquellos años se trasladó en masa a tierras catalanas.

No eran aún las seis de la mañana cuando yo me encontraba ya en la puerta de la empresa textil en la que pocas horas antes, al atardecer del día anterior, me habían ofrecido trabajo. Tan temprana era la hora que aún no había llegado ningún trabajador de la misma, lo que me dio oportunidad de presentarme a la persona que pocos instantes después abría con un cierto sigilo la puerta: ‘Buenos días, ayer el jefe me dijo que me presentara hoy a las seis para trabajar’, me presenté. ‘No pot ser. Sóc l’encarregat i no se res d’aixo’. Me dijo un tanto irritado. ‘Perdón, que dice’. ‘No saps català, noi. Malament ho tenim doncs’. Cruce de palabras que no me ponía fácil la situación en la que me encontraba. Me incomodaba tanta incomprensión. Hasta dos horas hube de esperar a que llegara el empresario con el que había hablado el día anterior, para que me asignaran un trabajo. Una situación complicada y de cierta dificultad, porque no comprendía que hubiera tanta mala educación en una persona que tenía la responsabilidad de dirigir un equipo de trabajo.

Además de éste, conmigo tuvo especial relación laboral un trabajador más joven, que influenciado por el encargado me hablaba también en catalán. Aunque éste, algo más comprensivo cuando la conversación era más íntima entre ambos, me hablaba en castellano, e incluso me ofrecía sus disculpas por una situación que él mismo entendía no era la más correcta .

Ambos, por cierto, siempre atentos a las noticias e información que emitía una emisora de radio en catalán, cuyo momento más álgido de la escucha era el programa de ‘Contraste de Opiniones’ que dirigía el fallecido José Luís Fernández Abajo. Un programa deportivo en el que los socios del Barça y Español mantenían constantes disputas.

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Recelos del encargado hacia mi persona que se acrecentaron cuando pudo comprobar que el patronaje lo dominaba muy bien. Era buen cortador, no sólo en el momento de cortar las piezas del tejido, sino en la técnica de distribuir los patrones sobre el tejido, ya que el objetivo de esta función es ahorrar el máximo de tela en las mismas piezas a cortar para la confección de una prenda de vestir.

Quizás por ello, cuando le pedía que me diera una orden de trabajo en castellano me decía: ‘Noi, quan sàpigues de dir ‘Setze jutges d’un jutjat mengen fetge d’un penjat; si el penjat es despengés els setze jutges menjarien fetge d’un despenjat’, aquest dia podràs dir que treballes a Catalunya’.

Afortunadamente no fue mucho el tiempo que estuve en esta empresa, porque como cortador me conoció un socio del empresario de ésta que me ofreció trabajo en una industria paralela, cobrando 25 pesetas más a la hora (1.750 diarias). Siempre por horas. Como mi intención era ganar el máximo para ir a la Academia Guerrero, no lo dudé. Y en esta segunda estuve tres o cuatro meses más, hasta que me ofrecieron trabajo en la industria Nino Ferrari, de un empresario italiano que curiosamente tenía dado de alta como vehículo de trabajo un Rolls-Royce, en la que ganaba ya 225 pesetas a la hora (2250 pesetas diarias), con las que podía costear mejor las casi 25.000 pesetas que pagaba mensualmente en la academia por el curso de diseñador y patronaje, además del curso especializado en la Organización de Sistemas y Métodos en las cadenas de producción.

Nino Ferrari era una empresa que fabricaba cinco mil prendas diarias, de las que cortábamos de mil en mil, lo que hace una idea de las tiradas de telas que se hacían en cada cortada. Era impresionante ver una mesa larga de unos cuarenta metros con telas y telas a lo largo de ella, perfectamente alineadas todas sus capas una encima de otra, que se cortaban con una máquina de cuchilla vertical. Y es en este tipo de empresas donde tiene especial importancia el conocimiento de una buena técnica para marcar los patrones sobre el tejido, ya que al tratarse de una cantidad muy alta de tejido, es importantísimo el colocar lo más estratégicamente posible cada una de las piezas, ya que es mucho el tejido que se puede ahorrar al finalizar el día, con más de cinco mil prendas cortadas.

Ya he comentado que tenía una cierta facilidad para ello, y así se me reconoció. Especialmente cuando el estudio de final de practicas de la academia Guerrero, las hice teniendo en cuenta la organización en la empresa que trabajaba en ese momento. Los conocimientos adquiridos en el curso de la Organización de Sistemas y Métodos en las cadenas de producción textiles, los hice pensando en cómo se debería mejorar el rendimiento de esta empresa. Estudio que entregué al empresario italiano, sin que éste pudiera salir de su asombro ante lo que le presenté. Tal fue así, que me ofreció un cargo con mayor de responsabilidad. Oferta que rechacé, porque aquel momento coincidió con haber conocido a una persona en la academia que me ofreció ir a su empresa en Lleida, para conseguir el sueño de mi vida: tener mi propia industria en el sector textil. Hago mención a esto porque a partir de aquel momento mi vida cambió. A los pocos días ya me encontraba residiendo en la capital de la Terra Ferma.

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