Una vida social y política intensa

Desde que llegué a Lleida, en 1979, mi implicación en la ciudad fue total. hasta el punto de que llegué a formar parte de hasta de trece entidades como socio. En asociaciones de lo más variopintas: desde una hermandad de Semana Santa, con la que salí en procesión durante los días que se celebra esta conmemoración; una asociación de vecinos del barrio; patronales y gremios profesionales; de la Unió Esportiva Lleida, de la que fui directivo y relaciones públicas con los medios de comunicación en el fútbol base; del Centro de Castilla y León, del que fui uno de sus fundadores y del partido político Unión de Centro Democrático (UCD).

Esta implicación social hizo que UCD apostara por llevar mi nombre en la candidatura de las elecciones al Parlament de Catalunya en 1980. Apenas un año después de llegar a la Terra Ferma. Fui en el número 6 de la lista y los diputados que la UCD consiguió en aquella ocasión fueron cuatro.

Aquella vinculación personal con las entidades hizo también que fuera directivo del fútbol base de la Unió Esportiva Lleida, como relaciones públicas y portavoz con los medios de comunicación. Lo que me permitió conocer muy de cerca la prensa local. Y con ello que el periódico La Mañana me propusiera colaborar en la sección de Deportes. Así empezó lo que sería una larga vida profesional como periodista. Reconocido como tal, a pesar de no estar licenciado en la materia, por el Col.legi de Periodistes de Catalunya, en la demarcación de Lleida, desde el año 1985. Es así, porque con la fundación de este colegio que integra licenciados en Periodismo, en el momento en que se fundó se podían acoger a él, además de los licenciados, todos aquellos profesionales que acreditaran un mínimo de años ejerciendo la profesión. Caso de otros periodistas muy conocidos en España como Luis del Olmo o José María García, entre otros.

Anteriormente a esto, con la celebración de las distintas elecciones, al Congreso de los Diputados, el Parlament de Catalunya o las que se celebraron de carácter municipal, en Centristes de Catalunya (nombre que adoptaba la UCD en nuestra tierras catalanas) fui en casi todas estas elecciones designado Adjunto a la Gerencia de Campaña. Una ardua y complicada responsabilidad porque poco o nada tenía que ver la organización de aquellas campañas políticas con las que se celebran ahora. A los más de trescientos mil electores que había en la circunscripción de LLeida se les enviaba a sus domicilios, uno a uno, las papeletas para votar, después de escribir a máquina uno a uno el nombre y la dirección del elector en un sobre, embolsando, uno a uno también, en cada uno de estos sobres la correspondiente propaganda electoral, que se distribuía después por correo ordinario.

Cada campaña electoral que hicimos fue apasionante. Se trabajaba intensamente día y noche. Si. Las jornadas resultaban frenéticas, de máxima agitación colectiva, porque el coordinar el trabajo de más de 100 personas por grupos, sentadas todas ellas a lo largo de una mesa de cincuenta metros, para hacer el mailing, era agitador. Además de coordinar los grupos de personas que pegaban los carteles por casi todos los municipios de la provincia. Función entonces muy habitual, ya que el cartel era el principal reclamo de propaganda y publicidad electoral. Lo que obligaba a tener muchos grupos de personas que se desplazaban por el territorio pegando carteles a 5 pesetas la unidad. Por cierto, que uno de estos grupos quiso acabar pronto su trabajo al tirar todos los carteles que se le habían asignado  tras la valla de la parroquia del barrio de el Secà Sant Pere de Lleida. Circunstancia de la que avisó su párroco, procediendo desde la gerencia de campaña a recriminar la actitud y a anular el pago de las cinco pesetas a todos los componentes de ese grupo. Señalo esta circunstancia porque tras negarnos a abonar la remuneración a estos colaboradores, éstos mismos pintaron varias paredes del barrio donde yo tenía la empresa textil con acusaciones de ‘¡Gómez no nos paga!… ¡Fuera la UCD!’. Lo que llevó en el barrio a una cierta confusión, por si se trataba de un problema laboral en mi empresa.

La función de gerente y, en mi caso, adjunto a gerencia se pagaba bastante bien. Dedicábamos muchas horas pero estaban bien remuneradas, al menos durante los dos meses previos a las votaciones. Quizás por ello poníamos especial atención al desarrollo de la campaña y al cumplimiento de todas sus funciones. Aunque bien es verdad que con la que está cayendo en estos momentos con la corrupción política en España, aquella circunstancia no dejaba de ser una simple mala praxis. Pero como responsables de campaña teníamos la responsabilidad de su correcta ejecución en todos los ámbitos.

Para la mayor parte de las personas que participaban en una campaña electoral el objetivo era cobrar unas pesetas cada día. Aunque no para todas. Había militantes de base también que, sin estar a disposición de la campaña las 24 horas del día, acudían a colaborar de forma espontánea. Se cobraba por el trabajo realizado en la campaña, aunque el propósito principal para algunos de nosotros era muy distinto: conseguir el mejor resultado electoral. Poníamos los medios posibles a nivel humano. Medios personalizados. Cosa que no ocurre hoy en día, cuarenta años después, porque los voluntarios y colaboradores son sustituidos por una máquina que personaliza, embolsa y empaqueta las papeletas de votar y la propaganda que el elector recibe en su domicilio.

Centristes de Catalunya no se distinguía por ser un partido con raíz catalana, aunque en sus filas si había gente muy arraigada a la comunidad catalana, de corte claramente catalanista, pero lejos de cualquier manifestación independentista que se derivara del nacionalismo. Entre los dirigentes políticos había gente nacida allí en las tierras leridanas. Muchos de ellos de gran influencia en sus municipios. Otros, líderes de los sectores profesionales más importantes del territorio, como Pere Roselló, que era secretario general y a su vez presidente de la Cambra Agraria de Lleida, con el que forjé una gran amistad. Centristes de Catalunya era un partido de la tesis de Adolfo Suárez, de corte estatal, para reivindicar la historia, cultura, lengua propia que planteaba una sociedad y economía en el ámbito catalán, sin la necesidad de erigirse en planteamientos independentistas.

En la UCD, sin embargo, pese a ser un partido convencional, en él coaligaron numerosas familias de distinta ideología. Muchas personas independientes, algunos de ellos procedentes de estructuras del franquismo, u otros conocidos por su oposición a él. Todos unidos en torno a la figura de Adolfo Suárez, su presidente. Y otros organizados por Martín Villa en la Federación Social Independiente.

En cuanto a los partidos que se coaligaron en UCD, algunos de los cuales eran también la unión (más o menos formal) de partidos más pequeños, son los siguientes: Partido Popular (PP); Partido Demócrata Cristiano (PDC); Federación de Partidos Demócratas (FPDL); Partido Socialdemócrata (PSD); Partido Demócrata Popular PDP, de corte liberal; Partido Social Liberal Andaluz (PSLA); Partido Gallego Independiente (PGI); Federación Social Demócrata (FSD); Acción Regional Extremeña (AREX); Unión Canaria (UC); Unión Demócrata de Murcia (UDM) y el Partido Liberal (PL), que aunque no se incorporara a la UCD como partido, si lo hicieron algunos de sus miembros como independientes a título personal.

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