El periódico, letra a letra, en plomo

Es 1982. Año en el que se funda el Diari Segre de Lleida. Durante los dos años anteriores había colaborado escribiendo informaciones deportivas en el diario La Mañana, otro de los medios de comunicación que en aquellos momentos había en la capital de la Terra Ferma. Además del Diario de Lérida, este último próximo a la Iglesia, gestionado conjuntamente con Radio Popular de Lérida por un sacerdote.

La fundación del Diari Segre supuso un giro de ciento ochenta grados en mi vida laboral. Un cambio total, que aunque no fue inmediato, si progresivo hacia una vida profesional de 35 años de periodista que se cumplen en este 2017. Cambió de tal forma mi vida que de estar todo el día pendiente de la fabricación de las prendas textiles y la pequeña tienda de venta que tenía abierta al público, pasé a dedicar sólo media jornada a esta función, para disponer de todas las tardes libres para estar en la redacción del Segre.

Mi colaboración en La Mañana había sido interesante. Despertó en mi una gran curiosidad por la información. A pesar de que mi única labor allí era la de redactar noticias relacionadas con el fútbol base de la Unió Esportiva Lleida, por estar ligado en la junta directiva de este club en sus categorías inferiores. Pasé horas en las dependencias del diario observando todo lo que se hacía en sus distintas dependencias. Especialmente en la sección de impresión. El periódico se hacía con el sistema de Fotocomposición o Fotolitografía, pero lo que más me llamaba la atención era una gran máquina de hierro que daba forma a las letras en plomo. Me apasionaba ver en los talleres del diario cómo aún se hacían algunas impresiones en Linotipia. Un sistema que es el fiel testimonio de uno de los inventos más importantes de la era de la industrialización en las Artes Gráficas. La Litografía es el primer sistema automático de composición de textos para la impresión tipográfica, que supuso un gran salto en la producción de libros, periódicos y revistas.

El linotipista era el encargado de componer, fundir y distribuir el almacenamiento de las letras. Hasta que apareció la Linotipia, máquina fabricada por un relojero a encargo del editor del periódico New York Tribune, en 1886. Hasta entonces la tarea de editar los periódicos era costosa y sobre todo lenta. El nuevo sistema, bautizado con el nombre de Linotype, consistía en unas piezas de bronce en las que se grababa la letra y hacían posible, una vez fundida la línea de texto, el relieve tipográfico con el que se imprimiría en máquinas planas.

linotipia2

Cada vez que el linotipista pulsaba una tecla descendía al componedor una matriz. Una función que parecía sencilla, pero en ese movimiento se ponían en marcha varillas, excéntricas, rodillos, poleas y los muelles de los escapes que liberaban a la matriz de su encierro. La reunión de matrices en el componedor era rápida y precisa, no podía haber ante posiciones ni fallos (fue la mentalidad precisa  del relojero que la inventó), los espacios entre palabras eran de acero y tenían la forma de una cuña con el fin de poder justificar la línea de texto a la medida que se deseaba componer.

Hago mención a este sistema de impresión, porque con lo que ha evolucionado la edición de periódicos ahora, aquella forma de poner tinta a los periódicos nos parece casi primitiva en estos momentos. Con la aparición del Diari Segre tuve la oportunidad de formar parte del equipo de redacción fundacional, en 1982. El sistema de Fotocomposición o Fotolitografía con el que se producía poco tenía que ver con la Linotípia. Máquina que sólo se podía ver en las imprentas más históricas y que ahora son objeto de pieza de museo a la entrada de los periódicos históricos (como muestra la fotografía que abre este artículo). La Fotocomposición se había implantado en 1946. Este sistema de Fotolitografía era la fusión del avance en las tecnologías de textos e imágenes. Una matriz que imprimía con un rayo de luz las letras en papel fotográfico. Una impresión offset, que viene de la palabra inglesa offset printing. Un método de impresión que reproduce documentos e imágenes sobre distintos soportes, que consiste en aplicar una tinta, generalmente oleosa, sobre una plancha metálica, compuesta generalmente de una aleación de aluminio.

La plancha se hace -o mejor dicho, se hacía, pues hoy se logra lo mismo con impresoras de ordenador- con técnicas fotográficas. Los caracteres estaban situados sobre círculos transparentes en los que estaban impresas las letras. Una luz proyectaba las letras sobre la plancha fotolitográfica. La máquina hacía que las letras se fueran poniendo unas al lado de otras. Se deja de lado el plomo. La letras se hacían también ópticamente.

El primer modelo que salió al mercado se llamaba Intertype Fotosetter. El disco de letras tenía ocho juegos de caracteres, por lo que ese pequeño disco sustituía como mínimo a tres toneladas de plomo. Un sistema con una gran eficacia para cuando el periódico se reproducía con fotografías en blanco y negro, pero con muchas más dificultades cuando la fotografía era en color, tal y como las conocemos hoy día. En este caso, ni los periódicos como La Mañana o el Segre estaban preparados para ello, puesto que las fotografías se habían de enviar a un laboratorio de Barcelona para su proceso, tardando más de un día en tenerlas a disposición de la impresión. Y, por otro lado, las planchas a imprimir se cuadruplicaban, porque la reproducción de las imágenes en Cuatricomía es la fusión de los colores CMYK, que quiere decir Cyan, Magenta, Amarillo (yellow) y Negro (black). Son los colores con los que se reproducen las fotografías a todo color. Es lo que obliga a imprimir textos e imágenes con los que se reproducen los colores que contengan estos trabajos.

Cosa muy distinta era el tercer diario que tenía Lleida en aquellos momentos, el Diario de Lérida. Bastante más rutinario. Conducido por un sacerdote, con el que años después tuve la oportunidad de departir entrañablemente. Y que en aquellos años protagonizó una de las anécdotas que se suelen comentar en la profesión. Resulta que como el día del Viernes Santo es fiesta para todos los profesionales de los medios de comunicación, y el periódico que se ha de distribuir y vender el día del Sábado Santo,  este periódico se hacía entonces durante la jornada del jueves anterior. Este sábado en cuestión aparecía una noticia a lo ancho de la portada del Diario de Lérida que titulaba: ‘Miles de leridanos salieron ayer a la calle para ver la Procesión’. Con la mala fortuna que llovió tanto ese día, que la procesión del Viernes Santo fue suspendida.

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