Con el agua al cuello

El Diari Segre de Lleida se fundó en 1982. En los próximos meses se conmemora su 35 aniversario. Los mismos años que llevo ejerciendo el periodismo, porque fue en este periódico donde comencé esta apasionada profesión. Un año, por cierto, en el que se  conmemora, además, la Riada de Lleida, que dejó una parte de la ciudad bajo el agua. Riada del río Segre, corriente caudalosa que dio nombre al medio de comunicación,  afectó, también, de forma importante al Diari Segre, ya que los trabajadores que allí nos encontrábamos en la redacción, en plena Rambla Ferran, tuvimos que ser rescatados por el balcón embarcando a una zodiac de los bomberos.

La fundación del Diari Segre supuso un cambio radical en mi vida. Profesionalmente pasé de dedicar mi vida laboral en el sector textil a la del periodismo, con el pensamiento puesto en éste casi las veinticuatro horas del día. Era tal la pasión que había levantado en mí, que me apasionaba todo aquello que escribía. Hasta el punto de que muchos días al acabar al atardecer en la redacción iba a los talleres de la rotativa que imprimía el periódico para ver como salían las noticias que editábamos esa jornada. El haber colaborado durante los dos años anteriores en el diario La Mañana, con artículos deportivos, hizo que llamara la atención de los responsables del Segre, para formar parte del equipo que ponía en marcha este nuevo periódico en Lleida.

Cambiar mi vida laboral del textil al periodismo no supuso una decisión difícil. Porque aunque en aquellos momentos me encontraba aún con una alta carga de responsabilidad  en la fabricación de prendas de vestir, por lo que hacía referencia al personal contratado y los compromisos contraídos en la facturación, tomé la determinación de disminuir poco a poco la producción para cambiar el rumbo de mi vida laboral. Hasta el punto de que durante un par de años fabriqué ropa sólo para abastecer las ventas que yo mismo hacía en los mercadillos ambulantes.

Una etapa que recuerdo también con un cierto estimulo. Me gustaba madrugar para preparar la parada de dieciséis metros de longitud que ponía en los mercados más populares de Lleida. Trabajaba en ellos por las mañanas, para tener la oportunidad de dedicar toda la tarde, a media jornada, a la redacción del Diari Segre. Por cierto, que de los mercadillos lo que me produce una cierta sonrisa cada vez que recuerdo aquella etapa es que en los días en los que se celebran las fiestas de Navidad solía ir a vender al mercadillo vestido con un disfraz de Papa Noel. Circunstancia que me resultaba muy divertida.

En la redacción del Diari Segre estuve ligado especialmente a las secciones de Deportes y Sociedad. Aunque el primer reportaje no pudo resultar peor. Al entregárselo en mano al director, Carles Revés, actualmente director editorial del grupo Editorial Planeta y con el que desde entonces he mantenido muy buena relación. Tras dar una primera ojeada a aquel primer artículo que le entregaba, imagina que atónito a lo que leía, Carles Revés metió la mano en uno de los cajones de su mesa de dirección, sacando un libro de estilo en el que se podía leer: ‘Como aprender a escribir en un periódico’. Entrega de un manual, al tiempo que me decía: ‘mira Angel, lee esto que te entrego y cuando lo hayas leído, vuelves a redactar tu reportaje y me lo vuelves a traer’. Aquel correctivo hacia lo que había escrito me dejó inquieto. Aunque por otra parte ni me pareció desconsiderado y ni mucho menos grosero, a pesar de rudo que pareció la actitud del director. Yo no había pasado por la universidad para hacer la carrera de Periodismo, como prácticamente la mayoría de los redactores que había en aquella redacción. Me limité a pensar que aquella corrección de dirección se debía a que se esperaba que hiciera correctamente mi trabajo. Una redacción acorde a la calidad que se esperaba del nuevo periódico que nacía en aquellos días en Lleida.

Era septiembre de 1982. Mes en el que se fundó Segre, y en vísperas de uno de los sucesos que ha marcado uno de los hechos más significativos de la reciente historia de Lleida, con la riada sufrida ese mismo año, el 7 de noviembre. Media ciudad de Lleida quedó bajo el agua del río Segre. Y con ella una afectación importante a la redacción del Diari Segre, que se encontraba en la primea planta de un edificio situado en la Rambla Ferran. Para poder abandonar  aquella noche las instalaciones, los redactores tuvimos que salir por el balcón saltando a una zodiac que los bomberos pusieron a nuestra disposición, navegando durante unos instantes por el centro de la rambla. Fueron momentos de incertidumbre. De temor. El agua parecía rugir al rozar la inundación a nivel del balcón. Sólo recordarlo pone los pelos de punta. Aunque para los periodistas nos podía resultar  una situación apasionante. Aquel suceso nos ofrecía la oportunidad de recoger en las páginas del diario una noticia histórica.

En los próximos meses se rememora el 35 aniversario de esta riada. El día en que el pánico llegó a la ciudad de Lleida. En las calles ya era de noche cuando el rió Segre se empezó a desbordar en el Pirineo, bajando hacía la capital con una gran violencia. Con mucha fuerza. Antes de llegar a la capital del Segriá, pueblo que dejaba atrás, pueblo que quedaba arrasado por la fortaleza de aquel caudal . Y llegó a Lleida, era de noche y el barrio del margen derecho de la ciudad peligraba. La Guardia Urbana avisó a los vecinos del barrio de Cappont, paralelo al río, mediante megafonía para que abandonaran sus casas de forma inmediata. La gente abandonaba sus casas en pijama, cogiendo lo que podían, y sin saber si podrían volver, y si volvían que es lo que encontrarían de las casas que habían abandonado.

La situación fue excepcional. A los ciudadanos se les avisó por los medios de comunicación de entonces, especialmente las emisoras de radio. Medios absolutamente necesarios en estos casos. Las pérdidas materiales fueron numerosas, pero afortunadamente no hubo que lamentar ninguna vida humana, a pesar de la enorme magnitud de lo acontecido. El Gobierno Civil quedó también arrasado por el agua hasta su primera planta, con lo que el operativo de seguridad se centralizó en la Pahería de Lleida, la Casa Consistorial. Desde allí los periodistas hicimos un exhaustivo seguimiento atentos a cuanto acontecía. Al bárbaro y rápido crecimiento del caudal del agua a sólo unos metros del ayuntamiento. Dando noticias a cada segundo para todos los informativos de una España que no podía dar crédito las imágenes que desde Lleida se ofrecían. Todo el mundo estuvo atento a aquella noche a unas imágenes que causaron miedo, terror. Especialmente al ver cómo el agua crecía hasta el punto de desbordar el alto nivel que hay desde la canalización habitual del rio a la carretera y a los momentos que le siguieron a este desbordamiento, hasta llegar a cubrir por completo todos los locales situados en el entorno del río. Entre ellos, como ya se ha comentado, una cafetería situada en la planta baja de la fundada redacción del Diari Segre.

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