Un encuentro Real

El verano está dando los últimos coletazos. De los meses del verano tengo muchos recuerdos. Fueron siempre especiales para mí, como periodista en Lleida. Desde que comencé en el Diari Segre, cada 23 de junio, hasta el 31 de agosto, me trasladaba a la Costa Daurada, con una máquina de escribir y otra para hacer fotografías, en busca de VIPS…ya saben, de esa gente más o menos conocida. Hacía más de diez mil kilómetros cada verano, entre las poblaciones de Cunit y Alcanar, a la ‘caza’ de políticos con una cierta responsabilidad, artistas del mundo del espectáculo o para recoger el ambiente de las ‘movidas’ de las noches de Salou. Dias y noches de sorpresas. Y para sorpresa, la que me llevé al encontrar al Rey Juan Carlos I, con quien en una visita de incógnito tuve la oportunidad de conversar con él en privado.

El inesperado encuentro con su Majestad se publicó en Segre ampliamente en la portada del día siguiente. A cinco columnas y con una gran fotografía que cubría más de media página. Uno de los anhelos de cualquier periodista que se tercie, y más si éste se encuentra en sus primeros años de la profesión. que sus noticias sean destacadas en la portada del periódico en el que colabora. La visita de Juan Carlos I se produjo porque dos de sus hijos, el príncipe Felipe y la infanta Cristina participaban en una regata que se organizaba en Cambrils.

En una de las muchas idas y venidas que hacía a lo largo de la costa cada  verano, aquel día me encontraba en L’Hospitalet de l’Infant. En el puerto deportivo del Club Nàutic observé un discreto cordón de seguridad hecho por miembros de la Guardia Civil, custodiando el paso hacia el interior del muelle. A lo lejos, un yate de grandes dimensiones me llamó la atención y en él pude ver que se trataba del yate Fortuna. ‘!Pero si es el yate del Rey¡’. Exclamé. Desde la valla, a unos cien metros de distancia pude divisar que por la escalinata del barco bajaba una persona que respondía a la fisonomía de Juan Carlos I. Le llamé la atención casi a gritos: ‘Majestad. Majestad. ¡Soy un periodista de aquí!’. Grité con fuerza, hasta llamar su atención. Palabras que me recriminaron los miembros de la seguridad, pero que sirvieron  para que el Rey, con un ligero movimiento de mano, ordenara que me permitieran acercarme hasta él.

Tras un saludo sin ningún tipo de protocolo, me hizo saber que su presencia allí respondía a la participación de sus hijos en una regata. No entró en ningún detalle específico y se limitó, como dijo, a disfrutar de ‘esta tierra tan maravillosa y los buenos restaurantes de Cambrils‘… y, como siempre, disfrutando del mar, ‘una de mis grandes pasiones‘, confesó. Y navegaba en el yate en el que solía disfrutar durante gran parte del verano, en el Fortuna. Yate utilizado por la familia real española, que fue regalado al rey Juan Carlos I por el rey Fahd de Arabia Saudí, tras lo cual, fue cedido por Juan Carlos I a Patrimonio del Estado, en 1981. Era el tercer barco con dicho nombre, utilizado por Juan Carlos de Borbón tras el anterior del mismo nombre y el clase Dragón con el que participó en las olimpiadas de 1972, y con el que ganó durante varios años regatas en el campeonato de España de la clase Dragón.

Poco más había que preguntar en aquel momento sobre las vacaciones de la familia real, porque prácticamente se sabía todo de su descanso en Mallorca. Entre otras actividades la participación en las competiciones de vela que se celebraban en la isla. Afición que les llevaba, también, a participar de otras pruebas que se celebraban en otros lugares  del Mediterráneo. Motivo por el que durante más de un verano fue frecuente ver a los hijos del rey en la Costa Daurada. Por las noches, por cierto, en la discoteca de moda en Salou, Flash Back Salou. Especialmente a la infanta Cristina, que solía pernoctar en un chalet con la apariencia de una fortaleza, que aún hoy está levantado, a la entrada de Vilafortuny. Propiedad del entorno familiar del ex ministro Rodolfo Martín Villa. Político al que se le solía ver con una cierta frecuencia también por esta misma zona todos los veranos. Y que llamaba también mcuho la atención, por su larga trayectoria política. Entre otras carteras, Ministro de Relaciones Sindicales, en el primer gobierno de la monarquía con Carlos Arias Navarro; en 1976,  Gobernación, con Adolfo Suárez como presidente, además de ser uno de los personajes clave de la Transición.

Aunque para presencia ministerial en la costa tarraconense, la de Carlos Romero. Ministro de Agricultura en varios gobiernos socialistas de Felipe González, merece un relato especial en la próxima publicación, porque son muchas las anécdotas vividas en torno a su presencia durante el verano, algunas de ellas personales. Romero no faltó ningún año a la cita durante el mes de agosto, residiendo en el chalet que la familia de su esposa tiene en la fuente de La Oliva, en el horizonte más próximo al cementerio de la capital tarraconense. Todos los veranos hacía una recepción oficial a la prensa local, a la que no faltaba Segre.

Segre que en sus páginas especiales de ‘Tiempo de Sol’, desde el primer año de su fundación, informaba cada día a sus lectores de la actualidad de la Costa Daurada: Cómo pasaban los personajes más conocidos de las comarcas de la Terra Ferma sus vacaciones y cómo se disfrutaba de las noches de Salou. Para ello, viajaba en un vehículo que el diario ponía a mi disposición (como el que aparece en portada de este capítulo) y en el que se podía ver el medio con el que Segre recogía la información a lo largo de la costa, desde el 23 de julio que me asentaba en un hotel en Tarragona, hasta el 31 de agosto que volvía a casa.

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